Monday, April 26, 2004

Bailando sobre arquitectura con Einstürzende Neubauten

1- Ningún paisaje es neutral. La cola de dos cuadras en el atardecer del sábado para ingresar al Irving Plaza, legendaria venue que a finales de los ´70 albergó el nihilismo efímero y eléctrico de Mars y otros grupos de la no wave neoyorquina, atestiguaba el estatuto estelar de estos alemanes procedentes de una época similar pero de un entorno social muy diverso.
Ya adentro, el escenario vacío se veía imponente. Compresores de aire comprados en algún Home Depot, cañerías de metal de donde emanarían sonidos percutidos o extraños arreglos orquestales generados con una especie de soplete, planchas de hierro, zinc y otros materiales que conformaban los sets percusivos de NU Unruh y Rudolf Moser (ex Die Haut y uno de los nuevos integrantes de la banda) En fin, una parafernalia de instrumentos fabricados, recogidos entre la basura de las calles de un Berlín que, hasta hace una década, constituía el epítome de la guerra fría. Parafernalia rica en contradicciones que oponen una cualidad eminentemente artesanal a las connotaciones industriales con las que suele asociarse a Neubauten.
Había lugar también para los instrumentos convencionales. La batería de Moser, el guitarrista Alexander Hacke devenido en bajista y la guitarra en manos de otro miembro nuevo, Jochen Arbeit. Hasta unos teclados con samplers que transmitían fragmentos de diálogos y orquestaciones de cuerdas, patrimonio de un sexto hombre que no logré identificar.
Blixa Bargeld estaba particularmente locuaz esa noche. La razón, según explicó, consistía en que se estaba grabando el concierto en una edición limitada que sería ofrecida luego por la nada módica suma de 35 dólares. También sus discos clásicos, que la gente compraba con fervor, salían cinco dólares más caros que en cualquier disquería de la zona. Tal vez no se tratara de un repentino ataque de codicia sino de otra consecuencia del experimento que EN llevó a cabo durante la grabación de Perpetuum Mobile, su flamante y reciente álbum. Una serie de web cams instaladas en su estudio que permitían la interacción de los músicos con su público, toda vez que éste pagara una suerte de entrada al site para acceder a, y opinar sobre, las idas y vueltas del proceso compositivo. El dinero sería destinado a la producción independiente de la nueva placa. Algo fracasó en algún punto de la cadena y la banda tuvo que firmar a último momento con el sello Mute.

2- En el balance final resalta la voluntad de Neubauten por alejarse de su pasado. La presentación de Perpetuum Mobile ocupó la mayor parte del recital. Afloraron incluso algunos temas inéditos, a no ser que me traicione mi frágil memoria.
Hace tiempo que el sonido de EN renunció a esa rítmica metálica y brutalista de sus primeros años. Persisten las percusiones industriales, claro, pero ya no como característica unilateral. Hay ahora una preocupación evidente por las intensidades. Cosa que ya era visible (audible) en Fünf auf der nach oben offenen Richterskala, su placa del ´87. Tonos y acordes son hoy parte sustancial de su repertorio. Hubo un raro momento donde todos los integrantes se sentaron sobre el piso del escenario a ejecutar una etérea danza percusiva que terminó sonando melódica y hasta melancólica.
La voz de Bargeld se traslada con facilidad del susurro al grito. Pero no es la índole primal de este último lo que predomina sino el contraste en sus expresiones. El mismo contraste que reproduce una instrumentación heterodoxa.
No veo renuncia alguna en todo esto. Más bien, una saludable y tenaz disposición por reinventarse para no quedar a contramano de la historia. Habrá algún fanático a ultranza que añore la sangre y el músculo de sus días pioneros en el contexto de la Neue Deutsche Welle (Nueva Ola Alemana), cuando destruían paredes y tablados en una liturgia incendiaria que compartían con otras bandas irreverentes como Malaria, Mania D., DAF (Deutsche Amerikanische Freundshaft), Liaisons Dangereuses, Der Plan, Die Tödliche Doris y tantos otros. O que extrañe la presencia de FM Einheit, acostumbrado a golpearse y lastimarse en escena. Pero la música de Einstürzende carece en la actualidad de toda vocación física. Es reflexiva y oblicua, casi asordinada. Lejos del torbellino de squatters y emigrados que escapaban del servicio militar obligatorio hacia las promesas underground de Berlín.
Surgidos de un haz de circunstancias históricas muy específicas, ni EN ni su ciudad natal son ya lo que fueron alguna vez. El muro ha caído, las ruinas berlinesas reposan apenas en el recuerdo de sus moradores, enterradas bajo una cornucopia de luces de neón, gigantescos edificios de multinacionales y ásperos íconos de una modernidad desordenada. ¿Por qué deberíamos exigirle a Neubauten que permanezca fiel a una geografía inexistente? Ningún paisaje es neutral. Tampoco los sonidos. La versión siglo XXI de la banda reemplaza la agresividad directa de antaño por la sensación, entre aprensiva y aciaga, de que el presente no es como lo imaginábamos. Esa es su seña de contemporaneidad, más que encomiable para un grupo con 25 años de antigüedad.

Norberto Cambiasso

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