Wednesday, September 21, 2011

Peculiaridades nórdicas


Recientemente se ha dicho de la libre improvisación escandinava que carece de distinción. Que su rapidez a la hora de albergar a los exiliados afroamericanos contribuyó al desarrollo de algunas individualidades de renombre internacional (Jan Garbarek, Terje Rypdal, John Tchicai) más que a la constitución de sus propias versiones del free. Nos hemos extendido con cierto detalle en el free sueco –aún a riesgo de abrumar al lector con demasiados datos y nombres- para contrarrestar este extendido prejuicio, producto del desconocimiento más que de un análisis pormenorizado.

Es cierto que los inicios de un jazz escandinavo maduro se relacionan con el aprendizaje de sus principales protagonistas como sidemen de los grandes innovadores americanos. Tampoco Noruega fue la excepción a esta regla. Las visitas que sucedieron al trío de Taylor, John Coltrane en 1963 y Charlie Mingus en 1964, disfrutaron de una amplia cobertura de prensa. Jan Garbarek, Terje Rypdal, Arild Andersen y Jon Christensen, los cuatro nombres fundamentales en los orígenes de la impro noruega, participarían, en mayor o menor medida, de alguna de las formaciones de George Russell, radicado en Estocolmo pero con frecuentes visitas a Oslo y al célebre festival de jazz de la ciudad de Molde. No es casual que estos cuatro músicos combinaran líneas free con escalas modales y melodías folk. A la fascinación por el periodo modal de Coltrane sumaban el conocimiento de primera mano del tratado neomodalista de Russell -Lydian Chromatic Concept of Tonal Organisation-, la influencia de Ayler y cía. y sus propias tradiciones nórdicas. Ejemplo eminente de semejante combinación sería Afric Pepperbird (1970), uno de los primeros discos del sello ECM y álbum fundacional del nuevo jazz noruego. Menos conocido pero igual de trascendente, el Svein Finnerud Trio, verdadera formación de vanguardia, cruzaba a partir del otoño del ’67 la influencia de Paul Bley en los teclados de Finnerud con el serialismo, la música concreta y la energía eléctrica de su base rítmica. La misma -Bjornar Andresen en bajo y Espen Rud en batería- que se reuniría con Terje Rypdal en 1970 para grabar el único y homónimo disco de Min Bul, otro trío con idéntica vocación eléctrica y rupturista.

Distinto es el caso del saxofonista John Tchicai, de padre congoleño y madre danesa, quien, a contramano de la tendencia generalizada, se mudaría a Nueva York en 1962 y participaría del Ascension de Coltrane (el pasaje de este último al free más experimental), del New York Eye and Ear Control de Ayler, y de dos grupos legendarios de la improvisación colectiva: New York Contemporary Five (con Don Cherry y Archie Shepp) y New York Art Quartet (Con Roswell Rudd y Milford Graves). De regreso en Dinamarca, hacia 1967 fundaría Cadentia Nova Danica, reuniendo a lo más granado de la improvisación danesa de ese entonces.

Común a la mayoría de las experiencias mencionadas era una suerte de traducción en clave folk del free afroamericano. Probablemente fuese este el rasgo más distintivo del sonido escandinavo. Un lirismo romántico que en Suecia anticipaban las líneas melódicas del saxo barítono de Lars Gullin y el tratamiento idiosincrático de esas tradiciones autóctonas en el Jazz pa svenska del pianista Jan Johansson. Que luego se asociaría, como declinación nórdica del jazz, a las piezas de Garbarek y al sello ECM. Y cuyos antecedentes se remontaban a la historia política de la región. Porque allí la socialdemocracia, lejos de constituir apenas un partido político entre otros, era la forma misma que había adoptado la modernidad. Una doble alianza a partir de los años ‘30 -entre capital y trabajo por un lado y entre el sector industrial y la sociedad agraria tradicional por el otro- que explica mejor que cualquier elección individual la fuerza con la que persistirían, a lo largo del siglo XX, las tendencias autóctonas y folklóricas.

1 comment:

Ale said...

A mi los que me parten la cabeza son los Noruegos Supersilent. Es de esas bandas para siempre.
En realidad todos los artistas del sello rune grammofon son creativos, impecables.