Wednesday, November 16, 2011

Vive l’autogestion

Como sea, fue esta una época dorada para una música francesa plena de personalidad y variantes. Por doquier se formaban pequeños colectivos autónomos como Perception, el Dharma Quintet, el Cohelmec Ensemble, Le Free Jazz Workshop de Lyon o Big Bands (bajo el ejemplo de la Globe Unity de Alexander von Schlippenbach o el Eternal Rhythm de Don Cherry) como Machi Oul de los hermanos chilenos Villaroel o la Celestrial Communication Orchestra del americano radicado en París Alan Silva. Músicos franceses y estadounidenses improvisaban entre sí en clubes y teatros célebres como Le Chat qui peche, La Lucernaire y La Vieille Grille o se reunían en el marco más institucional del American Center en el boulevard Raspail, un paraíso (¿imperialista?) de la experimentación que albergaba desde los músicos de la AACM o el contingente free de Nueva York hasta el minimalismo temprano de LaMonte Young y Terry Riley o las improvisaciones abiertas al público de Musica Elettronica Viva.


De la experiencia del Festival Panafricano de Argelia se aprovecharían Jean Georgakarakos y el baterista Claude Delcloo para registrar en el verano de 1969, de regreso a París, a un enorme número de jazzmen afroamericanos: Jimmy Lyons, Andrew Cyrille, Sunny Murray, Alan Silva, Clifford Thornton, Archie Shepp, Anthony Braxton, Don Cherry, los infaltables Art Ensemble of Chicago y varios otros, como bautismo de fuego de la etiqueta independiente BYG/Actuel.

Ese mismo año, Gérard Terronés, animador incansable de la escena gracias a clubes de su propiedad como el Blues Jazz Museum y el Gill´s Club, crearía el sello Futura, donde se daría cita lo más granado del free jazz y el free rock, una conjunción cuyos rasgos distintivos estaban mucho más borroneados en Francia que en otros lugares. La suma de esas dos partes promovería un tipo de improvisación –representada por gente como Jacques Berrocal, el Pierre Bastien de Nu Jungle Methods o bandas como Red Noise, Birge Gorge Shiroc y Horde Catalytique pour la Fin, que no conoce mayores antecedentes.

El mismo grupo de BYG, respaldado por la revista Actuel, organizaría entre el 24 y 28 de octubre el famoso Festival de Amougies, en la frontera franco-belga. Una maratón de 60 horas que reunía a estrellas consagradas del rock internacional (Frank Zappa, Captain Beefheart, Pink Floyd, Soft Machine) con promesas del rock francés (Gong, Ame Son, Martin Circus, Zoo) y una considerable selección de free jazzers (Joachim Kühn, Jean-Francois Jenny-Clarke, Jacques Thollot, el Art Ensemble, Don Cherry, Archie Shepp, Alan Silva, Sunny Murray, Frank Wright, Burton Greene) que en su mayoría habían pasado por los estudios de BYG unos meses antes. Cuando en agosto de 1970 buscaran repetir esta exitosa experiencia en el llamado (a posteriori) “festival maldito de Biot”, con Gong, Ame Son, Barricade, un Zappa en clave jazz con Jean-Luc Ponty y Aldo Romano y unos Soft Machine que finalmente no tocarían porque no cobraban, aparecerían todas las heridas de un underground que comenzaba a despedazarse entre las distintas sectas partidarias. Bajo el lema La pop au peuple (el pop al pueblo) el izquierdismo radical se negaría a pagar entrada o realizar cualquier aporte, convirtiendo a Biot en un extraordinario fracaso financiero.

Pese a alguna que otra recaída, durante la primera mitad de la década del 70 se acumularon innumerables espectáculos y conciertos: Les Nuits de la Fondation Maeght, organizadas por Daniel Caux, con Cecil Taylor, Albert Ayler y Sun Ra, los festivales de Chatellerault, recitales a beneficio del Black Panther Party en la Mutualité de París, festivales de free jazz en Colombes, Nancy, Chateauvallon, Gand y Louvain en Bélgica... Esta asombrosa explosión de energías creativas se debía en gran parte a la capacidad de desviar estructuras oficiales para los fines de la música experimental. Fue el caso de Giorgio Gomelsky, por entonces manager del popular grupo de rock Magma, que usaría el circuito establecido de las Maisons des Jeunes et de la Culture (MJC) para que sus protegidos y muchos otros pudieran recorrer el país tocando en pequeñas salas de provincia ante la mirada desconcertada de los burócratas.

La formación de colectivos y las alianzas con partidos políticos de izquierda socialista, comunista o trotskista (Partido Socialista Unificado [PSU], Liga Comunista Revolucionaria [LCR], Fete de L´Humanité del PCF) estaban a la orden del día, herencia indudable de la efervescencia del ‘68. Toda clase de formas asociativas generaría un paisaje contracultural desperdigado a lo largo y a lo ancho de todo el país: Association Musique Actuelle, Association Culturelle Tarnaise (ACT), Annency Jazz Action (AJA) y otras similares en Bordeaux, Troyes, Rouen, la asociación Atem en Nancy (que impulsaría grupos como Art Zoyd y los belgas Univers Zero), el Group Action Musical en Rennes, Music 70 en Marsella y, muy en particular, la Association pour le Développement de la Musique Improvisée (ADMI), creada por Didier Levallet en septiembre del ’72, y la Association á la Recherche d’un Folklore Imaginaire (ARFI), ligada al Workshop de Lyon en 1976. Como se ve, un frondoso tejido de entidades, organismos y microsociedades autogestionadas y autosuficientes que domina hasta nuestros días el complicado panorama del underground musical francés. Que tantos aún nieguen al free y al rock experimental del país galo el estatuto que merece se explica por la dificultad para apresar esta historia casi secreta de transformaciones sonoras que lejos está de haber concluido. Probablemente haya sido este, cuando los nubarrones ideológicos tan caros a los franceses comenzaron a dispersarse, el legado más imperecedero de los años caldeados de la contestación estudiantil.

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