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Saturday, September 21, 2013

Los espectros hoy se dejan ver

El compositor e ingeniero José Vicente Asuar no sólo es uno de los pioneros latinoamericanos de la música electrónica, sino que también construyó el sintetizador más potente de su época, el computador virtuoso. Recientemente estrenado, “Variaciones espectrales”, documental de Carlos Lertora, reconstruye esta historia, siguiendo el influjo de esta sombría figura hasta nuestros días.

Hace algunos años, viendo un programa ochentero sobre tecnología, Carlos Lertora supo del computador musical que José Vicente Asuar creara en los ’70. Sorprendido, indagó hasta llegar a fines de la década del ’50, años donde un pequeño grupo de compositores chilenos desarrollaban experimentos sonoros similares a los de la vanguardia europea.
Ese descubrimiento es la génesis de “Variaciones Espectrales”, documental recientemente estrenado y que puede verse en el canal Artv, que recoge parte de la trayectoria e influencia del compositor e ingeniero nacido en 1933, centrándose en la búsqueda del mítico computador musical con que diera forma a su obra “Así habló el computador” en 1978.
NACIMIENTO

En la década del ’50, compositores chilenos comenzaron a desarrollar al alero de instituciones académicas y de la Radio Chilena, diversos experimentos sonoros en la vena de la música concreta y electroacústica europea. Trabajo de montaje sobre grabaciones de objetos (concretos), collages de cintas, filtros y efectos eran el medio para crear una música que dibujaba sus lineamientos estéticos al mismo tiempo que experimentaba con los materiales.
León Schidlowsky compuso en 1956  “Nacimiento”, primera obra electroacústica latinoamericana. Un año más tarde Juan Amenábar y Asuar creaban el Taller Experimental de Sonido en la Universidad Católica, donde participaron, además, Eduardo Maturana, Raúl Rivera, Juan Mesquida y Abelardo Quinteros. En él, Amenábar compondría su obra “Los Peces”, la primera en la región con partitura y en usar montaje de cintas. A esa altura, empezaban a aparecer artículos y charlas de difusión en distintos espacios, y Asuar se transformaba en uno de sus principales promotores e investigadores.
El también ingeniero civil termina de componer su primera obra, “Variaciones Espectrales”, en 1959,  la que fue estrenada ese año como base de “Germinal”, obra del Ballet de Arte Moderno.
Los años posteriores tienen a Asuar estudiando y trabajando en Alemania, Venezuela e intermitentemente en Chile. Luego de eso, se centró en estudiar la aplicación de computadores a la creación musical, hasta que en 1972 construyó uno que controlaba la generación de sonidos de sintetizadores, con el cual realizó el disco “El Computador Virtuoso”. En 1978 crea el primer computador chileno para fines exclusivamente musicales, el COMDASUAR  (Computador  Digital  Analógico  Asuar)  con  el  cual  realizará el citado “Así Habló el computador”.  Desde mediados de los ’80, se marginó del medio musical, hasta casi perderse en las neblinas de la des-memoria.

ESPECTROS

Desde inicios de los ’90, la nueva horneada de compositores electroacústicos chilenos intentó superar esa sensación de orfandad. Los compositores Federico Schumacher y Alejandro Albornoz buscaron a Asuar mucho tiempo intentando atar los hilos de la continuidad histórica.
“Asuar crea obras musicales, pero le suma una aproximación y práctica de la investigación tanto teórica como aplicada, es decir, entiende la composición musical como un proceso de creación/investigación donde ambas perspectivas son interdependientes.  Este aspecto le da mucha importancia. El reconocimiento actual de su figura trasciende los medios musicales estrictamente académicos. Es más, ha sido desde fuera de la academia donde comenzó este  proceso de valorización de su obra”, comenta Schumacher, miembro de la Comunidad Electroacústica de Chile (Cech).
Carlos Lertora llegó hasta la casa de Asuar en Calera de Tango a través de estos compositores. “Cuando nos conocimos,  le pregunté por el famoso computador, si era posible grabarlo para un documental. Aunque él decía que era un ‘traste viejo que ya no servía para nada’, nos dio su aprobación. ¡Habíamos conseguido en una sola reunión lo que Alejandro y Federico habían intentado mucho tiempo!”, comenta el realizador.
Consultado sobre “Variaciones Espectrales”, Asuar comentó que lo que más le importa es que se haya hecho un trabajo sobre el tipo de música que hace: “Que se haya tomado a mi persona como referencia, como uno de los fundadores, es por supuesto un gran honor, y lo agradezco, pero el valor principal no está en mi persona, sino en el tipo de música que hago, que ya surgió hace bastantes años, pero que sigue viva a través de los nuevos compositores que la cultivan”.
Schumacher señala que la actitud de Asuar fue de sorpresa “Después de haber sido ninguneado y criticado por la academia en los ’70 y ’80, no esperaba que una nueva generación, a casi 20 años de haber dejado la música, se interesara  y valorizara su trabajo”.
Asuar ha generado una cercanía con algunos de los compositores agrupados en la Cech,  “siempre manteniendo la distancia pero dispuesto a cooperar a partir de su experiencia y conocimientos”, continúa. “Más de alguna vez le he oído decir que ojalá esta generación de compositores hubiera coincidido con el período en el que estaba en actividad. Hay una cierta lamentación en ello, pero me parece que comprende cuál fue su papel en el desarrollo histórico de esta música y con las nuevas generaciones”, añade el autor del libro “Música electroacústica en Chile: 50 años”, editado el 2005.
Para Lertora, a pesar del hálito de misterio de su figura, Asuar siempre se mostró dispuesto a cooperar y con una sencillez y capacidad de reflexión que hizo más fácil el trabajo.
IMÁGENES

-Más allá de la puesta en valor y difusión de la obra de Asuar, tu documental desarrolla elementos visuales muy bellos; por ejemplo, el contraste/complemento entre el sonido electrónico y las imágenes de paisajes naturales; o las animaciones que permiten seguir algunas de las partituras de sus obras, lo que cumple una importante función didáctica…

 -La parcela de Asuar me asombró porque está lleno de árboles y animales de todo tipo, pero a su vez esconde este computador, rodeado de antiguos aparatos tecnológicos de creación musical envueltos en plástico. Ahí existe una complicidad entre lo orgánico y lo sintético, interpretación que desarrollé desde el inicio.
Lo de la partitura animada es un trabajo de Alejandro Albornoz, que recibió de Asuar una carpeta  llena de hojas con unos dibujos muy técnicos, y con un orden bastante particular. Él se da el tiempo de unir todo y animarlo en sincronía con la música, logrando un resultado gráfico/sonoro alucinante.

 -Me pareció muy acertado que tu trabajo no se queda en un ejercicio historiográfico/biográfico, sino que desde Asuar traza líneas que llegan hasta el día de hoy e involucran proyectos tan disímiles como el de la Cech, Pueblo Nuevo (sello que editó la obra de Asuar) o el de la Productora Mutante. ¿Cómo trabajaste esta linealidad histórica?

-Mi relación con la historia de la música electroacústica es tardía. Si bien me gustaban mucho los  sonidos de gente como Cage o Stockhausen, siempre estuve ligado a otra escena de música  experimental, un poco más autodidacta e instintiva.
Creo que a pesar de ser un poco distantes una de otra, ambas vertientes se conectan al llevar la experiencia sonora a otro plano, y siento que directa o indirectamente, Asuar y otros músicos  influencian a estas generaciones vinculadas con la escena más popular de la música electrónica que hoy conocemos.
En algún momento tuve que decidir si esto era una biografía o no, tuve que privilegiar cierta  información para desarrollar el resultado final, pero espero en algún momento complementar este  trabajo, profundizar en la historia de la música de vanguardia en Chile y en compositores como  Gabriel Brncic, Fernando García, Gustavo Becerra o Iván Pequeño, que al igual que Asuar siguen un  poco al margen, a pesar de sus cuantiosos aportes a la historia de la música.

Por Cristóbal Cornejo




Tuesday, August 20, 2013

El viaje iniciático de Los Jaivas: Una inmensa y telúrica vorágine

Reproduzco aquí un texto sobre La Vorágine, la extraordinaria caja de Los Jaivas que apareció hace ya unos años pero, al menos en nuestro país, careció por completo de difusión y repercusión. El texto pertenece al colega chileno Cristóbal  Cornejo, de quién publicaremos en breve otro artículo sobre el compositor electroacústico José Vicente Asuar. ¡¡Muchas gracias, Cristóbal!!


1969 y 1970 delinearon gran parte de lo que Los Jaivas serían posteriormente. Entregados salvajemente a la improvisación, dieron forma a una sicodelia nativa que mezcló el espíritu ácido con recursos americanistas y de la vanguardia docta. Esa etapa, a veces subvalorada, está recogida en cinco discos conocidos como La vorágine, un documento imprescindible.

Es imposible concebir El volantín (1971), consignado como el primer disco de Los Jaivas, sin considerar sus actividades desde mediados de 1969, período en el que se volcaron de lleno a la improvisación.
La edición por Sony en 2003 de los cinco discos que componen La Vorágine permite comprender mejor la continuidad musical del grupo y acceder a un crucial momento de su historia, en el que la creación espontánea fue delineando los trazos que finalmente los llevarían a ser una de las bandas esenciales de la música latinoamericana.

Escuchar la apertura del disco I ("Pan Negro") es un mazazo: una armónica (la del gringo David Fass) inicia un diálogo que es respondido con un punteo de guitarra eléctrica en la senda del blues cósmico de Hendrix, a la que luego se adhiere un solo de órgano. "Mañana cuando llegues" o "Canción del gancho" reflejan muy bien esta primera etapa, aún dentro del formato rock, pero ácido y expansivo.
Sin embargo, el clímax de ese disco es otro. El 24 de enero de 1970 se realizó en la Quinta Vergara el Primer Festival de Música de Vanguardia. Los Jaivas tocarían luego de Aguaturbia, despachándose con una brutal improvisación que en poco más de 20 minutos pasa del carnaval al caos, desembocando en una agresiva exhortación del Gato Alquinta al público, donde aparece la frase que le da el nombre a esa pieza: "Tocamos música de vanguardia ¡y qué!".
"Muy ofendidos y en nombre de la vanguardia nos tomamos el escenario en complicidad con Los Blops", relata Eduardo Parra en las notas interiores. Es que Los Jaivas se sentían verdaderamente a la vanguardia, en relación a otros grupos que hacían covers de bandas extranjeras como los mismos Aguaturbia o Los Escombros. Casi como acto proto-punk, la presentación acabó cuando la producción cortó la luz sobre el escenario. Anécdotas como estas abundan en este par de años mesiánicos -varias relatadas por el mismo Parra a lo largo de las notas.

ABAJO LAS FRONTERAS

El musicólogo Juan Pablo González compara esta situación con lo acontecido con Caetano Veloso en la sesión final del III Festival Internacional de la Canción en Rede Globo en 1968, cuando este increpó a la audiencia que alegó en contra de su canción "É proibido proibir", una osada pieza de tropicalismo deconstructivo.
González propone el término 'vanguardia primitiva' para denominar al cruce entre las tendencias progresivas del rock de fines de los años '60 y el indigenismo americanista de los años '70, entre ellas la primera etapa de Los Jaivas. En esta idea de 'vanguardia primitiva' "la experimentación propia de la vanguardia se daba la mano con la invocación de un pasado remoto", en una práctica casi ritual que interpelaba al auditor a hacerse parte activa de la experiencia.

Desde el segundo disco, La reforma -que recoge el concierto del 11 de mayo de 1970, el primero en que utilizan el nombre Los Jaivas- el gesto americanista empieza a emerger a través de la instrumentación y sus toquíos, en un contexto de libertad absoluta, que tendía puentes entre el hippismo, la identidad latinoamericana y la vocación experimental de la vanguardia, representando un interesante cruce entre alta y baja cultura, entre lo académico y lo popular, fenómeno progresivo en el rock desde los años '60. Asimismo, la integración con otras disciplinas (teatro, cine) también es parte de su experimentación, tal como lo demuestra su aporte a un proyecto de Raúl Ruiz, música que se recoge en el quinto disco, ¿Qué hacer?, donde improvisaciones más estructuradas dan indicios del camino que seguirían en los años posteriores.

CORDELES

La música de Los Jaivas en La vorágine rompe con la tonalidad, ingresa en la disonancia, en la repetición rítmica y en la disolución temporal sicodélica. En ella se practican técnicas de extensión instrumental (el "piano preparado") y se utilizan objetos como emitidores de sonidos (plumavit, sillas arrastradas, tocadiscos girados con la mano). La vorágine sorprende por su acercamiento casi naíf a las prácticas de la vanguardia, y a pesar del aislamiento se hermana con la psicodelia global.
Compartimos la tesis del músico e investigador Gerardo Figueroa, en cuanto a que en Chile hay una línea de música underground que puede ser llamada "experimental que parte desde La Vorágine, pasa por Malalche, Agrupación Ciudadanos, y desemboca en Tobías Alcayota, ojO o el Colectivo No, entre otros, genuinos herederos de la magia que se desprende en esta vorágine.

En su año de aniversario número 50, no es malo volver a revitalizarse con la escucha de este artefacto sonoro que aún destila magia y fuego.


VER LA VORÁGINE
Gestado originalmente como el proyecto de título del director Marcelo Tapia, el documental "Los Jaivas: La vorágine" (CRÍTICA AQUI: http://sangria.cl/2011/12/critica-los-jaivas-la-voragine/), estrenado en 2011 en Valparaíso, indaga en esta época a través de diversas entrevistas e imágenes de archivo, que explican las motivaciones del grupo y entrega sabrosas anécdotas.
"Intentamos descubrir una etapa en sus vidas no muy conocida y de pocos antecedentes. Era un redescubrir sus inicios y de la forma en cómo su improvisación poco a poco se fue convirtiendo en melodías que hasta el día de hoy se conservan", explica Tapia.
El equipo realizador digitalizó todo el material filmográfico de Los Jaivas, desde su niñez hasta el presente, que fue cedido para potenciar la película. Las fotografías fueron aportadas por Erich Jara, Aurora Alquinta, Paul Lowry y la banda.
Tapia comenta que si bien la película ha sido exhibida en Chile y en el exterior, para este año de aniversario se espera pasarlo por televisión y subirlo a la Internet.




Cristóbal Cornejo

Tuesday, September 21, 2004

Los primeros pasos del Rock Chileno

Se Oyen Los Pasos (titulo basado en “We can hear the steps”, canción perteneciente a la banda Los Vidrios Quebrados) es el flamante libro del escritor y músico chileno Gonzalo Planet, quien documenta la sabrosa historia de los primeros años del rock chileno en un período que comprende desde 1964 hasta 1973.
Una de las grandes virtudes de Planet es la eficaz manera de entregar la visión o postura ideológica que tuvieron las bandas de aquel entonces. De cómo la ultra conservadora sociedad chilena, la falta de recursos tecnológicos y la posterior dictadura militar fueron elementos decisivos para marcar hasta estos días el desarrollo y evolución del rock chileno.

Los inicios de la década de los 60’s estuvieron dominados por La Nueva Ola, un inofensivo destilado rockero en el que los artistas interpretaban versiones de éxitos probados en los Estados Unidos, logrando impresionantes cifras de ventas. Fue tal el suceso de esta Nueva Ola que logró opacar sin problemas a una banda que cambiaría el mundo para siempre como The Beatles.
En este panorama de desinformación absoluta, el prototipo de chico rockero estaba conformado por jóvenes de clase acomodada que tenían acceso a viajar a Europa y Norteamérica y podían traer instrumentos, amplificadores, efectos y discos que en aquel entonces eran imposibles de hallar en el país. En este marco aparecieron las primeras bandas locales, siendo la gran mayoría de ellas ideológicamente inofensivas. La indiferencia de esas bandas ante un periodo de cambios perjudicó su exposición pero marcó también una constante histórica en el desarrollo del rock local: la falta de credibilidad. De aquí se puede intuir el suceso social que tuvo una banda como Los Prisioneros casi dos décadas mas tarde.

Al poco tiempo y durante el gobierno del presidente Salvador Allende se agudizó la polarización política y social, donde los rockeros no pudieron encajar en ninguno de los dos bandos. La izquierda los acusaba de seguir las tendencias imperialistas por el hecho de cantar en inglés, tocar guitarras eléctricas y emular a las bandas angloparlantes. Por otro lado, la derecha los trataba de drogadictos y degenerados por usar el pelo largo. Así y todo, los músicos se las arreglaron como pudieron para editar discos hasta que llegó el nefasto 11 de Septiembre de 1973, día en que los militares tomaron el poder.
Resulta escalofriante el capítulo dedicado al pronunciamiento militar y comprobar como gran parte del patrimonio musical chileno fue incinerado o tirado a la basura. El aparato represivo terminó por surtir efecto rápidamente y así se produjo un cortocircuito estético e informativo que mermó toda posibilidad de desarrollo artístico y discográfico para las bandas. Muchas optaron por emprender retirada y las menos continuaron su trabajo en medio de la absoluta clandestinidad o emigraron a otros países como en el caso de Los Jaivas, quienes luego de un fructífero período en Argentina emprendieron rumbo a Francia.

Se Oyen los Pasos está lleno de sabrosas anécdota e historias relatadas por los protagonistas de aquellos años. Una completísima discografía está disponible en uno de los apéndices del libro y no es descabellado pensar que este libro pueda ser el documento definitivo de los primeros días del rock chileno. El texo dedica capítulos especiales a todas las bandas que tuvieron algo importante que decir en aquellos días, desde sus curiosos orígenes hasta sus abruptos finales, casi todos truncados por una serie de fenómenos sociales que terminaron por aturdir a varias generaciones de jóvenes chilenos.

Se oyen los pasos puede ser conseguido a través de:

seoyenlospasos@yahoo.com

matorral_@hotmail.com

Iván Daguer