Wednesday, March 17, 2004

De un tiempo a esta parte, una inclasificable corriente que, a falta de un nombre mejor podríamos denominar post-doom metal, ha tomado por asalto oídos y corazones. Cuenta entre sus defensores con el egregio druida Julian Cope, quien no sólo ha colaborado con Sunn O))) -uno de los grandes grupos en esta línea- sino que ha procurado establecer la conexión oculta con algunas recompensantes monstruosidades hard y heavy de los ´70 como Sir Lord Baltimore, Monument, Pentagram o los germanos Hairy Chapter. En rigor de verdad, se trata de una suerte de ambient-doom con los riffs aletargados y ralentados hasta lo insoportable. O de la obsesión por obtener algo así como el Ur-riff, el riff originario que alguna vez dio comienzo al loco circo del rock´n´roll. Para el caso, tan cerca de Black Sabbath como de Phil Niblock. Si debemos remontar semejante tradición a una época más actual, el trono se lo lleva Earth, una banda que, en su momento, pasó desapercibida entre tanto grunge. Our man in New York, Iván Daguer, testifica un concierto de Khanate y logra salir (relativamente) ileso.

Khanate: Apetito por la destrucción

Neoyorkinos siguiendo la tradición deconstructora de sus antepasados. ¿Quién dijo que en las arenas del metal y el doom la cosa solo pasaba por una asunto de velocidad y adoración al Demonio? Khanate consigue lo que ya hubiesen querido John Cale y Maureen Tucker tres décadas atrás: destruir la música a nivel cero. O casi.
Viernes 12 de Marzo de 2004, Club Tonic, New York. La meca del avant garde neoyorkino recibe con los brazos abiertos a los terroristas sónicos más grandes que ha cobijado la ciudad hasta el momento. No iban mas de 10 minutos de actuación cuando un considerable porcentaje del público (que paradójicamente agotó las entradas aquella noche) comenzó a abandonar el recinto, sus oídos y mentes agobiados por una bola de sonido que reproducía fielmente la sensación de esterilidad absoluta, de muerte (mas allá de la muerte y más allá de millones de muertes), de destrucción y caos desesperantes. Al final del concierto (que debe haber bordeado no más de 35 minutos), la sala se encontraba a un 60% de su capacidad. Los sobrevivientes a la masacre pedían agua a gritos, atónitos luego de soportar aquella descarga sonora.
¿Pero qué rayos es lo que hace Khanate para generar esas reacciones y crear semejante abstracción sonora? La banda -básicamente influida por una escuela rockera que queda de manifiesto en sus raíces- se aleja de los códigos de sus pares metaleros: pulcritud, velocidad, más velocidad y numerosas referencias al Señor de las Tinieblas. Los chicos decidieron sumergirse en las lentas y aletargadas frecuencias que les podía brindar el Doom. Faltaba un detalle importante. La banda tiene sus raíces en la ciudad de Nueva York, lugar propicio para la deconstrucción sonora, gracias a una tradición musical iniciada en aquellos tiempos en que Velvet Underground hacia gala de toda una nueva forma de interpretar la música. Desde Mars hasta Sonic Youth, pasando por DNA y terminando en los Liars. Todo el que pasa un tiempo en la Gran Manzana no puede sustraerse a esta onda sensorial que fluye en forma natural. Y bueno, Khanate no se libró de esto. Cuando la No Wave llegó a su esplendor creativo, era difícil imaginar que podría venir después. La propuesta de Khanate se basa en una fórmula que implica estirar la lentitud del doom hasta niveles prácticamente intolerables para un ser humano.
La banda -se pronuncia “Con-eight”- fue formada en el otoño del 2000 luego de un encuentro entre el bajista James Plotkin y el ex Burning Witch y actual miembro de Sunn0))), Stephen O’Malley. Al poco tiempo se incorporarían el cantante Alan Dubin y el batero Tim Wyskida. Mal día porque Khanate llegó al
mundo para no dejar vivo a nadie. Luego de dos “insoportables” discos, la banda se ha consolidado como una de las propuestas más interesantes dentro del alicaído y estancado movimiento extremo. Aquí la vida no tiene valor pero la muerte tampoco. Es algo mas complicado que la destrucción y el caos. Khanate es la mejor expresión sonora y lírica del arte de recrear un estado minimal, el cual va mucho más allá de Satán, el Doom y la muerte. La reducción de la música a una ecuación cuyo resultado tiende a cero.

Iván Daguer

1 comment:

Mario Lachy said...

Excelente revision, felicitaciones. Sabes de algun link donde conseguir esto?